La economía de la atención: cómo la dopamina derrotó al dato
Vivimos en un ecosistema donde la información ya no compite por ser verdadera, sino por ser adictiva. Y en esa competencia, el dato frío lo tiene difícil frente a la emoción inmediata.
Los algoritmos actuales no buscan informarte, sino retenerte. Para lograrlo, los “mensajeros” (plataformas y creadores de contenido) utilizan técnicas de ingeniería del comportamiento:
No se optimiza la verdad. Se optimiza tu permanencia.
En este mercado, el dato tiene un valor decreciente porque es “aburrido” y a menudo contradice nuestros deseos. La opinión, en cambio, es maleable y emocional.
Vender una narrativa es mucho más lucrativo que vender una realidad, porque la narrativa permite al consumidor sentirse protagonista de una lucha moral o intelectual.
Las consecuencias no son inmediatas, pero son acumulativas. Una pequeña mentira o una opinión disfrazada de hecho en un rincón de internet puede desencadenar:
Cuando renunciamos a los hechos compartidos, no solo perdemos información. Perdemos autonomía. Y cuando la verdad deja de ser libre, la libertad deja de ser verdadera.
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