El cerebro de los fanáticos, sean religiosos, políticos, deportivos o de cualquier otra índole, tiene algunas características interesantes desde el punto de vista neurobiológico y psicológico. Vamos por partes para entenderlo mejor (con ejemplos fáciles de digerir):
🧠 ¿Qué pasa en el cerebro de un fanático?
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Amígdala hiperactiva:
Esta parte del cerebro está relacionada con las emociones, especialmente el miedo y la agresividad. En muchos fanáticos, la amígdala tiende a reaccionar con fuerza ante cualquier amenaza (real o imaginaria) contra sus creencias. -
Corteza prefrontal poco activa (o sesgada):
Esta zona se encarga del pensamiento crítico, la lógica y la planificación. Cuando alguien se vuelve fanático, tiende a suprimir el pensamiento racional en favor de respuestas emocionales. Es como si dijeran: "No quiero pensar, ya tengo mi verdad". -
Sesgo de confirmación:
El cerebro del fanático busca solo la información que refuerza su creencia y rechaza lo que la contradice. Es como si tuviera unas gafas que solo permiten ver lo que le conviene. -
Dopamina y sentido de pertenencia:
Cuando alguien forma parte de un grupo fanático, su cerebro libera dopamina al sentirse aceptado o “parte de algo más grande”. Eso genera una adicción emocional: necesitan defender su grupo para sentirse bien. -
Desactivación del razonamiento en temas sensibles:
Un estudio de neuroimagen mostró que, cuando un fanático político o religioso se enfrenta a argumentos que contradicen sus creencias, su cerebro reacciona igual que si lo atacaran físicamente.
🧠 En resumen:
El fanatismo es, en parte, una desconexión del pensamiento crítico y una hiperactivación emocional, alimentada por la necesidad de identidad, seguridad y pertenencia.
Y no es solo ignorancia: hay procesos químicos reales detrás, como la liberación de dopamina o la activación de circuitos de recompensa cuando alguien “gana una discusión” o reafirma su fe/ideología.
🟠 Fanático político
Ejemplo:
Alguien que defiende a su partido pase lo que pase, aunque haya casos de corrupción, mentiras o malas decisiones.
¿Qué pasa en su cerebro?
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La amígdala se activa ante cualquier crítica al líder o al partido, como si fuera una amenaza personal.
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La corteza prefrontal racionaliza lo irracional: “Robó, pero hizo obras”.
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Vive en una burbuja de sesgo de confirmación, viendo solo noticias afines.
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Siente placer (dopamina) cuando su partido “gana un debate” o humilla al rival.
Traducción emocional:
“Si atacas a mi partido, me atacas a mí. Y yo no lo tolero.”
🔵 Fanático religioso
Ejemplo:
Alguien que cree que su religión es la única verdadera y los demás están perdidos, e incluso siente odio hacia los que no creen lo mismo.
¿Qué pasa en su cerebro?
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El pensamiento crítico se apaga cuando entra el dogma: “No necesito pruebas, tengo fe”.
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El grupo religioso activa los centros de recompensa: pertenecer = seguridad = placer.
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La disonancia cognitiva se reduce con frases tipo: “Dios lo quiso así”, aunque la realidad diga otra cosa.
Traducción emocional:
“No me importa la lógica, yo ya elegí creer. Y todo lo que no encaje con eso es maligno.”
⚽ Fanático del fútbol
Ejemplo:
El que se pelea por su equipo, odia al rival y hasta insulta a un árbitro por una decisión milimétrica.
¿Qué pasa en su cerebro?
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Su identidad personal se funde con la del equipo: “Yo soy el Barça” (o el equipo que sea).
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Cuando gana su equipo, explosión de dopamina. Cuando pierde, dolor real: la misma zona del cerebro que siente un rechazo amoroso se activa.
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Odia al equipo rival con la misma intensidad emocional con la que ama al suyo.
Traducción emocional:
“Mi equipo es sagrado. Si lo criticas, te odio.”
🧠 Conclusión cerebral:
En los tres casos, lo que domina no es la razón, sino el instinto tribal. El cerebro humano, aunque muy avanzado, sigue teniendo mecanismos primitivos: proteger a la tribu, atacar al enemigo, y encontrar sentido en la pertenencia.
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